¿Mary Wollstonecraft? ¡Esa es una puta!

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Retrato de Mary W. por John Opie (1797)

Me estrené en este blog hablando de una mujer poderosa de la que no sabíamos si la historia la había tratado mal o no con certeza, pero que se convirtió en leyenda. Me dije que debía variar si escribía otra entrada, que quizás tenía que enfocarla hacia otra cosa que no fuera una crítica a la forma machista en la que la historia ha tratado a las mujeres. Pero entonces, la conocí a ella, a mi idolatrada Mary Wollstonecraft, y he vuelto a las andadas.

 

Esta vez me veo en la obligación de presentárosla debidamente. De intentar ser más concreta con su biografía de lo que fui con Erzsèbet. Primero, porque su vida, sobre todo sus primeros años, me resultan fascinantes; y, segundo, porque cualquier mujer de este siglo puede verse retratada en ella. Es por lo que he decidido también dividir el artículo en dos partes, pues una vez que me puse a escribir vi que se hacía demasiado largo y todavía no llevaba ni la mitad de su vida relatada. Espero que no os resulte pesado y que lleguéis hasta el final con deseos de más.

Tampoco quiero engañaros, voy a dejarme muchos detalles fuera. Pero si os sentís con deseos de conocer más de mi adorada Wollstonecraft (a quien llamaré mucho Mary, como si fuéramos amigas), os recomiendo dos fuentes: Romantic Outlaws the extraordinary lives of Mary Wollstonecraft and her daughter Mary Shelley (2015) de Charlotte Gordon y la propia bibliografía de Mary Wollstonecraft. Me hubiese gustado recomendaros Adopta una autora, pero mi Wollstonecraft está huérfana en ese blog. Si os animáis antes que yo, hacédmelo saber. Pasaos de todas formas, es una iniciativa maravillosa.

Una vez dicho esto, empecemos: ¿quién es esta Mary con ese apellido impronunciable que a mí me encanta decir de carrerilla? Y, ¿por qué me he obsesionado tanto con ella?

Actualmente, a Mary Wollstonecraft se la conoce por una cosa: es la madre de Mary Shelley, la autora de Frankenstein o el moderno Prometeo (1818), entre otras obras. Ahí se queda la cosa para el conocimiento común. Por otro lado, si lees sobre feminismo o eres fan de Virginia Woolf (que muchas veces viene a ser lo mismo), puede que sepas algo más, sobre todo de sus ideas sobre la mujer. Pero si no se da el caso o si quieres conocer más de su vida conmigo, puedes seguir leyendo.

La historia, esa que dije que la escriben los hombres, la hizo desaparecer. Y ya no es que quedara olvidada, es que se la eliminó. Quizás es por eso por lo que deseo tanto escribir sobre ella, porque me entristece tanto como me inspira. Esta vez no solo me lleva ese impulso vanidoso y desesperado, que desarrollamos los que escribimos, de que se me lea. Esta vez quiero rescatarla, quiero que, aunque sean unos pocos, sepan que existió y que fue una mujer extraordinaria.

Mary Wollstonecraft nació el 27 de abril de 1759 en una familia humilde. Su padre, violento y borracho, no supo mantener a su familia a flote. Y su madre, simple y sumisa, se volcaba en su primogénito varón. Mary pues, siendo la mayor, debía encargarse de sus hermanas y hermanos. Aquella vida, su infancia, fue un infierno. Cabezona y curiosa, Wollstonecraft deseaba ir mucho más allá. Creía que podía ser mucho más, independientemente de su género. Siendo ya más mayor, intentaba que su madre, a la que su padre maltrataba y violaba, viera que cualquier mujer podía tener aspiraciones. Tan fuerte fue su deseo de liberar a su madre (quizás queriendo ser libre ella misma) que intentó evitar repetidamente que su padre la violara, aunque fue inútil.

Quizá la cosa hubiese quedado así y Wollstonecraft se hubiese casado pronto y tenido muchos hijos, si debido a los deseos y ambiciones de su padre, no se hubieran mudado en varias ocasiones. Y, tras pasar por Spitefields, Epping y Walkington, no hubiese acabado con once años en Beverly. Allí, Mary tuvo su primer contacto con la educación propia de las damas. Le enseñaban a coser y a ser una buena esposa y, ya a su temprana edad, mostraba signos de ser algo diferente. A ella no le gustaban esas clases y no entendía por qué a sus hermanos les educaban en literatura, matemáticas, física, política y filosofía, y a ella no. Fue por esto, por querer más que coser y saber hacer las tareas del hogar, que las niñas de su clase le hacían lo que ahora se señalaría como acoso escolar.

Sin embargo, como agua caída de mayo, encontró en ese colegio a Jane Arden, una niña un año más mayor que ella que se convirtió en su primer amor y en la puerta hacia el conocimiento que tanto ansiaba. Debido a su amistad (exigente por parte de Mary dados sus fuertes sentimientos), el padre de Jane, John Arden, se dio cuenta de que Mary Wollstonecraft era un diamante en bruto y se sintió libre a la hora de educarla en ciencias. Aquello, impropio en esa época para las damas, era lo que Mary siempre había deseado.

Esa felicidad duró poco, apenas cuatro años, pues los Wollstonecraft volvieron a mudarse, esta vez a Hoxton. Lejos de los Arden, del amor y el conocimiento, incluso de la escuela para mujeres, Mary entró en un periodo depresivo un tanto grave. La señora Clare, su vecina, percibiendo el estado de la joven Wollstonecraft, la invitó a pasar unas semanas con ellos. Y, pese al descontento de su madre, eso hizo. Henry Clare, el esposo de la señora Clare, era un hombre extravagante, pero culto (que como pasa con ser feminista y fan de Virginia Woolf, a veces es lo mismo). Y, del mismo modo que John Arden, el señor Clare vio en Mary a una pupila. Pronto el ánimo de esta se fue recuperando mientras estudiaba filosofía y política.

La fortuna de Mary por aquel entonces no acabó ahí. Los Clare presentaron a la joven Wollstonecraft a sus amigos, los Blood. Y así fue como Mary conoció a la que, en mi opinión, fue uno de los grandes amores de su vida: Fanny Blood. Si Wollstonecraft había desarrollado sentimientos fuertes con Jane Arden, lo que sentía por Fanny era pura adoración y pasión. Fanny Blood no solo era su amiga, era su igual, su ideal, su compañera y con quien quería pasar su vida adulta. La joven Blood tenía, como Mary, un padre borracho y ludópata, aunque no como Wollstonecraft, violento. Sin embargo, su progenitor no podía ganarse la vida, por lo que Fanny debía trabajar para sacar adelante a su familia. Así pues, Mary veía representados en ella su deseo de independencia y su idea de que la mujer podía trabajar y ganarse la vida sin necesidad de un hombre.

Aunque Fanny estaba prometida, Wollstonecraft y ella compartían el deseo de vivir juntas, sin hombres e independientes económicamente. Contrariando a su familia una vez más, Mary quería trabajar y ahorrar para cumplir su sueño, y para eso viajó a Bath. Allí se puso al servicio de la señora Pawson. Con ella, Mary tuvo su primer contacto con la alta sociedad y los ridículos cánones de moda y belleza impuestos a las mujeres. Ella, que abogaba por la comodidad al vestir, criticó el hecho de que a las mujeres se les enseñara a preocuparse por su imagen y no por su intelecto.

En 1781 regresó a Hoxton debido a la grave enfermedad que sufría su madre, que falleció un año después. Tras este trágico suceso, Mary decidió irse con los Blood a Chelsea. Las desgracias parecían sucederse, pues Fanny descubrió que tenía tuberculosis. Además, en 1783 Wollstonecraft tuvo que salvar a su hermana Eliza del maltratador de su marido. Eliza acababa de dar a luz y la ley inglesa de entonces dictaba que los hijos eran propiedad y jurisdicción de los padres. Dejó atrás a su bebé para salvar la vida y Mary tuvo que hacerse cargo también de su hermana Everina, que abandonó la casa de su hermano Ned.

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Ilustración de William Blake para Historias originales de Mary W. (1791).

Ante esta situación que parecía caótica, a Mary se le ofreció una gran oportunidad. Creo que el evento que ocurrió a continuación es uno de los más reseñables de su vida, pues muestra lo avanzadas que estaban sus ideas para su época y cómo solía llevar estas a la práctica. Ocurrió pues que una mujer con dinero y con deseos de invertirlo en educación hizo de Mary Wollstonecraft la directora del colegio de Newington Green. La señora Burgh le dio total libertad a Mary para enseñar, pese a ser una fiel cristiana. De ese modo fue como Mary junto con Fanny, Everina y Eliza empezaron a educar niños, pero sobre todo y lo más importante, a niñas según las ideas que Wollstonecraft y Blood compartían.

Enseñaban a sus alumnos, de entre siete y dieciséis años, a pensar por sí mismos. Mary creía que era importante tratar a cada uno como si fuese único, pues no todos aprendían del mismo modo. Defendía que no era solo importante memorizar lecciones, sino que había que empujarles a ser creativos, íntegros y que supieran ser disciplinados con sus propios proyectos. Además, a Mary le importaba inculcarles las ideas de que una buena alimentación y un ejercicio vigoroso eran indispensables para su buen crecimiento. Estas ideas desentonaban tanto en la tan rígida estructura educativa británica que Mary se hizo célebre entre los reformistas y era invitada a sus reuniones y eventos. Se cree incluso que conoció a John y a Annabel Adams, aunque no se ha podido confirmar. Sin embargo, se sabe que el que fuera presidente de los Estados Unidos, leyó las entonces futuras obras de Wollstonecraft.

Su mundo ideal (siendo independiente, viviendo con Fanny, inculcando sus valores y siendo reconocida), se fue al traste cuando la salud de uno de sus grandes amores empeoró. Coincidiendo con este hecho, el prometido de Fanny avisó de que sus asuntos en Portugal estaban resueltos y que podían contraer matrimonio. Ante esto, Mary urgió a Fanny a viajar a Portugal para casarse, pues aunque la perdería, creía que en el sur recuperaría su salud. Sin embargo, Fanny Blood murió tras dar a luz, así como su bebé, en 1785. Cuando Mary regresó de Lisboa con estas noticias, su mundo se derrumbó. Dejó de ocuparse del colegio, pese a las quejas de sus hermanas y a la pérdida de dinero, y cerraron este.

Se recuperó de esta nueva etapa de depresión solo cuando siguió el consejo de John Hewlett y recogió sus ideas innovadoras sobre la enseñanza en Reflexiones sobre la educación de las hijas (1787). El libro fue publicado por Joseph Johnson, un famoso editor que publicaba a figuras como Benjamin Franklin, William Blake o el abuelo de Darwin. Tras el éxito con esta primera obra, Wollstonecraft, queriendo también alejarse de sus exigentes hermanas que la veían como responsable de sus vidas, aceptó el puesto de institutriz para las tres hijas de lord y lady Kingsborough en Mitchelstown, Irlanda. Debido a las grandes diferencias entre lady Kingsborough y ella, pronto se llevaron mal. Las niñas idolatraban a Mary e incluso un interés amoroso de la aristócrata, adoraba a Wollstonecraft. Además, en aquella época, empezó a trabajar en Mary (1788) donde critica por primera vez a la aristocracia y donde se burla de lady Kingsborough al retratarla dentro de la obra en un personaje.

Su mala convivencia con ella llegó a su fin en 1787, cuando regresó a Londres. Sin tener a donde ir y harta de los pocos trabajos a los que podía acceder una mujer, su editor la acogió en su casa. Aquello era bastante inusual, pues en aquella época las mujeres y los hombres no vivían juntos si no eran familia o estaban casados. Pero ambos eran inusuales para la época: a Mary aquellas premisas sociales le parecían una tontería y Johnson era gay. Sin embargo, más por la comodidad de ambos que por el qué dirán, Johnson le buscó una casa a Wollstonecraft donde poder trabajar y vivir a su gusto.

Si su época con Fanny coincide para mí con sus años más felices (lo siento por Imlay y Godwin…. bueno, en realidad no), sus años con Johnson en Londres fueron los más productivos y creativos. El editor confiaba en su trabajo y la contrató como escritora de reseñas para su Analytical Review, además de como escritora original. El primer trabajo le funcionaba perfectamente pues, como muchas mujeres e incluso hombres, firmaba con sus iniciales. Y, al principio, dedicándose a escribir sobre la educación de las niñas y también los niños, su trabajo firmado con su nombre era mayormente aceptado.

En esta época, además, comenzó a educarse y, siendo autodidacta, emprendió la ardua tarea de aprender francés y alemán a través de la traducción. En este punto, me entristece confesar, dado que se trata de mi futura profesión (si los dioses viejos y nuevos quieren), que no era una buena traductora. Cuando sus ideas no coincidían con las de los autores, alternaba estas, las modificaba y reescribía el texto. La primera lección del manual del buen traductor es que no interfieras en la idea del texto, pero a Mary le publicaron sus traducciones. Así pues, muchos leyeron sus ideas y no las originales en Elementos de moralidad para el trato con niños (1782-1784) de Salzmann y Acerca de la importancia de las opiniones religiosas (1788) de Necker.

Como he dicho, esta fue para mi gusto su etapa más creativa y creo que se debió en parte a las reuniones de intelectuales que organizaba Johnson y a las que ella asistía. En estas reuniones hablaban libremente de temas variados como la política, la sociedad e incluso de sexo. A los hombres que asistían no les paraba el hecho de que Mary fuera una mujer y eso le encantaba. Aunque Wollstonecraft nunca había tenido problemas en decir lo que pensaba, se sentía libre y animada a hacerlo. En estos encuentros, Mary conoció a tres hombres que formaron parte de su vida o su trabajo. El primero, el artista William Blake que ilustró su Historias originales (1788); el segundo, que en aquella época pasó con más pena que gloria por su vida, William Godwin; y, el tercero, Henry Fuseli, del que hablaré más tarde.

Envuelta en este ambiente tan cultural como creativo, Wollstonecraft escribió como respuesta a las Reflexiones sobre la Revolución francesa (1790) de Burke, Vindicaciones de los derechos del hombre (1790). Esta vez, ya que se trataba de un tema que las mujeres tenían prohibido, Mary y Johnson decidieron publicarlo sin revelar su identidad. Muchos fueron los que rechazaron sus ideas y otros muchos más los que las alabaron. Escribían, algunos pese a discrepar, críticas y reflexiones con sumo respeto. Deseaban que el autor saliera a la luz y, finalmente, ante su éxito, Wollstonecraft lo hizo. En seguida se convirtió en un escándalo y muchos tiraron por tierra su trabajo solo por ser mujer. Incluso algunos de aquellos que coincidían con ella, la criticaban en base a su género. Aunque lo cierto es que también ganó muchísimos adeptos, en este momento no todo fue malo.

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Copia de una de las primeras ediciones de Reivindicación de los derechos de la mujer de Mary W. (1792).

Mary era una luchadora y, en aquella época, una joven muy tozuda. Dejó de lado las críticas, se aferró a sus apoyos e ideas, y escribió entonces un libro esencial para la historia del feminismo británico, cuando aún no se hablaba de feminismo, Reivindicación de los derechos de la mujer (1792). Tengo aún esta obra en pendientes, aunque probablemente sea lo siguiente que lea, sin embargo, gracias al trabajo de Charlotte Gordon (pp. 171-183) puedo hablaros de una de sus obras más importantes. En su reivindicación, relaciona la tiranía del gobierno sobre el pueblo con la del hombre sobre la mujer y dicta que todos deben redimirse para cambiar la sociedad. Esta obra, con una clara crítica al patriarcado y una defensa de la figura de la mujer, entonces considerada inferior, suscitó de nuevo las críticas. Y, como pasó con sus derechos del hombre cuando se supo que los había escrito una mujer, rechazaron sus ideas y basaron sus críticas no en estas, sino en su estilo de escritura. Dijeron de este que era malo y desorganizado, que además era demasiado personal.

Dejando estos hechos un momento de lado y volviendo a Fuseli, Mary había desarrollado sentimientos amorosos por él. Debido a cómo la sociedad veía a las mujeres (sensibles, que se dejaban llevar por la pasión y no por la razón… vaya, como ahora), Mary rechazaba el contacto sexual y, en aquel tiempo, se decantaba por lo intelectual. Le propuso entonces, tras muchas y varias conversaciones íntimas sobre el amor y el sexo libre, una relación no sexual, afectiva y abierta, donde entrara también la mujer de Fuseli, pues este estaba casado. Ante tales ideas, la esposa de Fuseli la echó de su casa. Él, que se cree que tenía una relación con Johnson, la rechazó y Mary quedó absolutamente desolada.

Viendo además cómo el Imperio Británico continuaba rígido y arcaico ante sus ideas políticas y filosóficas, decidió embarcarse en Dover hacia la cuna de la libertad: el París de la Revolución francesa.

Considero que este hecho marcó una segunda etapa en su vida, pues los acontecimientos de esta desde entonces se tornan cada vez más oscuros. Y como aún queda darle sentido al título de este artículo, dejaré la oscuridad para una segunda parte.

Andrea D.

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4 comentarios sobre “¿Mary Wollstonecraft? ¡Esa es una puta!

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  1. Wow, me muero de ganas de leer la segunda parte. Es una entrada muy extensa pero se me ha pasado volando. De nuevo, no conocía a esta persona… y de nuevo, me muero de ganas de seguir conociéndola más y más. Muchas gracias por escribirlo, esperaré con muchas ganas el siguiente :3

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