La historia la escriben los hombres: Erzsébet Báthory

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Foto pormehmeturgut

Es casi predecible que comience mis andaduras en este espacio dedicándole mis pensamientos y palabras a esta figura histórica. No hace falta conocerme demasiado para saber que soy una fanática de los vampiros. Y cualquiera que tenga unos conocimientos mínimos sobre el tema habrá leído alguna vez el nombre de la condesa Erzsébet Báthory.

Pero no vengo a hablar aquí sobre sus relaciones con el vampirismo, tranquilos. Ni siquiera me interesa hablaros de su leyenda negra y roja. Es cierto que para tratar lo que quiero habré de relatar episodios de su historia, pero en realidad mi deseo es reflexionar sobre su figura, sobre su género.

Todos hemos escuchado alguna vez ese dicho que dicta que «la historia la escriben los vencedores» y esto es cierto. Pero, cuando se es mujer y se tiene interés por los hechos históricos, una se da cuenta de que la historia no solo la escriben los vencedores, sino que también lo hacen los hombres. Últimamente le he dado muchas vueltas a esto. Y es cierto que mis pasadas y actuales lecturas han nutrido enormemente estas ideas. Para que me comprendáis un poco mejor, os diré que no hace mucho me leí La princesa Éboli de Almudena Arteaga. Y, no contenta con un icono tan impactante del siglo XVI, me releí (y acabé, pero esa es otra historia) Ella Drácula de Javier García Sánchez. Actualmente, apenas me quedan unas pocas páginas de la maravilla que es Viajeras intrépidas y aventureras de Cristina Morató. Las temáticas son parecidas y las visiones casi opuestas, pero esto no implica que no tengan muchos denominadores comunes y que sea todo esto lo que me provoca no parar de pensar en Erzsébet.

Pienso que, como Ana de Mendoza, fue una de las grandes mujeres del siglo XVI a la que sus contemporáneos y la historia trataron muy injustamente. Creo que su leyenda es tan atroz que una no puede sino preguntarse cuánta verdad hay en ella. Y opino que, al fin y al cabo, fueron los hombres quienes nos la presentaron.

Según los vencedores, Erzsébet es una de las grandes asesinas en masa de nuestra historia. Una mujer pérfida y manipuladora, un súcubo que fue más allá de las leyes del hombre y de Dios. Bien, no he venido a justificar a la condesa. No voy a poner en entredicho si Erzsébet acabó con tantas mujeres como se dice, no quiero quitarle el título de récord Guinness. He venido a sospechar, sí, pero no de sus actos, sino de los de los hombres que acabaron con ella.

¿Era Erzsébet una asesina? De esto tan solo nos consta un juicio a terceros.

¿Le tendieron una trampa? Sí.

Para que entendáis por qué soy tan absoluta al responderme, voy a explicaros brevemente quién era ella. Después de todo, muchos habréis llegado a este punto totalmente ciegos y puede que ni el nombre os suene.

La condesa Erzsébet Báthory nació en 1560, un siglo en el que las grandes potencias europeas y sus grandes imperios avanzaban culturalmente al mismo nivel que guerreaban. Nació en el siglo de doña Ana de Mendoza y su «conjura del Escorial»; nació en el siglo isabelino de su tocaya, la reina Elizabeth I. Sin embargo, nació y creció apartada de todo aquello en una región mucho más salvaje e inhóspita. Una región que continuaba luchando por la cristiandad contra los turcos, mientras que los más occidentales tenían puestas sus miras en el Nuevo Mundo. Pertenecía a una familia tan poderosa que no perdió su apellido al casarse, estaba emparentada con la realeza y por sus venas corría la sangre de los más fieros y crueles guerreros. Javier García dedica al menos 100 páginas de su novela a describir la monstruosidad de Báthory en una lista enorme de innumerables y horribles adjetivos. Sin embargo, en las 300 restantes, yo solo puedo leer sobre una mujer erudita, enferma y fuera de su tiempo.

Al contrario que la gran mayoría de la nobleza con la que se codeaba, Erzsébet estaba muy lejos de ser analfabeta. A edad muy temprana, la condesa ya era políglota: hablaba húngaro, alemán y latín entre otras lenguas. Se dice de ella que era muy aficionada a la lectura y, aunque centrara sus obsesiones en el ocultismo, no podemos negar que su mente iba mucho más allá. Concentraba todo su intelecto en el mal, si seguimos la historia. Pero si lo pensamos, ¿qué otra cosa podía hacer la «antropófaga dragona», como la llama Javier García, en un mundo en el que las mujeres solo podían dedicarse a las banalidades? En una época cerrada y llena de supersticiones, era natural que su mente quisiera volar hacia lo prohibido. ¿Acaso no es eso lo que todos los genios hacen? ¿Adentrarse ahí donde otros no se atreven?

Permitidme citar en este momento a un personaje de Harry Potter, pues no puedo evitar en este punto recordar esa mítica frase de Ollivander que decía: «hizo cosas terribles, sí, pero grandiosas». Erzsébet se superó a sí misma y a todos antes y casi después que ella. Si hacemos caso a las crónicas, haría palidecer a Gilles de Rais, a Jack el Destripador y a Charles Manson. Su creatividad en el mal era tan, si me consentís, maravillosa, que se dice que modificó un aparato de tortura austriaco a su gusto. Y es por eso bastante común encontrarse en varios sitios su nombre como el de la inventora de la horrorosa Doncella de Hierro.

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Retrato original de la condesa a sus 25 años, autor desconocido, siglo XVI.

¿Qué hubiese sido de la condesa si hubiera nacido en nuestro siglo? Tampoco puedo dejar de hacer volar yo misma mi imaginación y visualizarla. Una mujer culta, elegante y, por qué no, absolutamente preciosa. Que se trata correctamente la esquizofrenia que padece y que esta no ha sido un impedimento para alzar un imperio de productos de cosmética absolutamente eficaces. Siempre abrazada por esos dos colectivos que le harían sentir comprendida y que defendería a muerte: el feminista y el LGTB+.

Desgraciadamente, mi querida (sí, querida) Erzsébet nació en el siglo equivocado. Así pues, fue comprometida a muy temprana edad con un gran señor y, años más tarde, casada con él. Aunque se dice que se resistió a seguir los preceptos que su implacable suegra le imponía, acabó por darle hijos y ser una señora respetable que asistía a repetitivas festividades que debían aburrirle sobremanera.

Sin tener verdadera idea de psicología y abriendo este párrafo a corrección por cualquiera que la tenga, me resulta casi natural, en mi modesta opinión, que debido a su enfermedad y a su sexualidad, viviera esta última como algo atroz. Siempre que tengamos en cuenta su leyenda, claro. No podemos olvidar además que Erzsébet aliñó su esquizofrenia con innumerables drogas. Hasta el más extremista miembro de Proyecto Hombre temblaría al conocer no solo las sustancias, sino las cantidades de las que se cuenta que abusaba la condesa.

Báthory era entonces una bomba de relojería y aquí afirmo que de esto se aprovecharon los hombres de su tiempo. Cuando su marido murió, con sus hijos enviados lejos (ya fuera por sus matrimonios o su educación), Erzsébet no solo tuvo rienda suelta para explotar, sino que heredó castillos, tierras y fortuna suficiente como para abastecer a un reino propio. Ya no contaba solo con el poder de los Báthory, sino también con el de los Nádasdy. ¿Y sabéis qué pasó? Que la condesa decidió ser dueña y señora de toda su fortuna, regir sin un hombre y no volverse a casar. Era una mujer fuerte, inteligente y capaz, ¿por qué no hacerlo? Pronto se escucharon las voces de descontento, sin embargo, se lo permitieron. Y, a mi parecer, se lo permitieron todo. Si lo que se relata en el juicio a su secuaces es cierto, le permitieron convertirse en un monstruo terrible que alimentó las pesadillas de miles de generaciones e inspiró novelas, películas y a toda una subcultura.

Esperaron a que metiera la pata. Aguardaron a que Erzsébet se creyera intocable, que esto es algo que ha ocurrido en muchas ocasiones en la historia. No les importaba realmente lo que hiciera con las hijas de sus siervos, eso era cosa suya, porque «eran sus tierras, eran sus gentes». Pero esperaron hasta que Báthory tocó sangre importante, no sangre del rebaño, y fue entonces cuando se le echaron encima.

Qué casualidad que fuera Thurzó, el Palatino y su primo, quien a la muerte de su esposo le había propuesto unirse en matrimonio y a quien había rechazado, el que la cazó y juzgó. El mismo que mandó encerrarla en sus propios aposentos. Qué casualidad que los nobles ambiciosos y vecinos de las vastas tierras de la condesa, y sus propias hijas (o los maridos de estas) le apoyaran y ayudaran. Se repartieron su fortuna, pero no pudieron matarla. Aún monstruo, Erzsébet seguía teniendo muchísimo poder e influencia. Consiguió sobrevivir algunos años más emparedada y con una simple rendija como vía al exterior. De ella no se conservan ni diarios ni cartas. Solo la crónica de un juicio a unas gentes que previamente torturaron. Que fuese verdad o no lo que decían a estas alturas da igual, pues quisieron quitarle poder y la convirtieron en una leyenda.

¿Era Erzsébet una asesina? La historia nos dice que sí. Desde luego no debió ser una santa. Para ser una mujer tan poderosa en aquellos páramos y, sobre todo, en su época, debió de ser una señora implacable y sin piedad alguna.

¿Le tendieron una trampa? Sin duda alguna. Demasiados intereses políticos como para no sospechar y afirmar que así fue.

¿Es digna de admirar? Bueno, esta es, en definitiva, mi opinión. Así que no puedo más que dar una respuesta afirmativa. Alžbeta, como la llamaban de niña, se salió del molde. Demostró, durante muchos años, incluso cuando aún vivía su marido, que una mujer no necesita de un hombre para ocupar un puesto de poder. No tuvo reparos en vivir su sexualidad con libertad, aunque llevara de manera tóxica su deseo por las mujeres.

Ahora es cosa vuestra juzgar si Erzsébet Báthory era una gran mujer. Pero nunca olvidéis que, en un banquete de la realeza donde todos comían aún con las manos, había solo una mujer que había aprendido a usar el tenedor.

Andrea D.

4 comentarios sobre “La historia la escriben los hombres: Erzsébet Báthory

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  1. Quisiera empezar mi reflexión dándoos primero las gracias por hacer este blog y compartir vuestras reflexiones, opiniones y aquellos temas que os rondan por la cabeza. Como sólo puedo decir que conozco algo más a una de vosotras, me mata la curiosidad el ver a dónde me llevaréis cada una. También os pido que tengáis paciencia conmigo y que si alguna vez digo una salvajada, que sé que soy un desastre intentando explicarme, pero supongo que tarde o temprano, a medida que vayáis subiendo vuestras reflexiones, iré mejorando.

    Y menudo comienzo ha dado el blog, me ha pillado completamente por sorpresa. Ha sido tal el impacto que nada más terminar de leer el artículo me fui corriendo buscar más información sobre la Erzsébet. Y, después de leer mínimamente sobre ell, solo puedo decir que te doy la razón. Me parece una mujer muy inteligente y brillante; como has citado, hizo cosas grandiosas aunque éstas fueran horribles. Aunque ella misma causó su final, bien es cierto que la tenían justo donde la querían, deseosos de que cometiera el fallo necesario para condenarla. Y quién sabe, tal vez exageraron sus hazañas para destrozar su imagen más de lo que ya de por sí hizo ella misma. Probablemente nunca sabremos eso. Lo que sí sabemos es que, como bien dices, fue su primo el que acabó con ella, acabando condenada en una habitación emparedada de la que nunca más saldría. “Y todo volvió a su debido orden, con un hombre al mando”. Como bien reza el título, la historia la escriben los héroes, los que ganan, los que pierden no tienen esa opción, porque tal vez, de tener la posibilidad de escribirla, “acabaría perdida”. Cuántos hombres habrán cometido atrocidades semejantes y cuántos de ellos se habrán librado igualmente solo por ser hombre. Me apena saber que tal vez existan ejemplos de mujeres con unas historias (menos sangrientas quizás) que nunca conoceremos por el simple hecho de que fueron ellas, mujeres, las protagonistas.

    Para acabar, que creo que he escrito mucho, quiero darte las gracias, Andrea. Hacía tiempo que no leía algo que me hiciera reflexionar y conocer una parte más de la historia. Como dije antes, me muero de ganas de saber qué será el siguiente post. 🙂

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